La felicidad crece cuando sabemos que no podemos hacerlo todo
Una vez alguien le hizo una pregunta al monje: Dado que los monjes no pueden hacer muchas de las cosas que quieren y además tienen preceptos, ¿son felices?
Ante esa pregunta, hay algo que considerar. No son sólo los monjes los que no pueden hacer todo lo que quieren. Los laicos tampoco pueden hacer todo lo que quieren.
Todo el mundo vive dentro de unos límites. Tengamos mucho o poco, sea cual sea la posición en la que nos encontremos, no podemos hacer que todo salga exactamente a nuestra manera.
Cuando notamos y reconocemos ese hecho, la mente cambia. Cuando conocemos las cosas como son y aprendemos a sentirnos satisfechos en ese lugar, la sabiduría puede surgir y la felicidad puede crecer.
También es necesario continuar el estudio. Así como la luz de una pequeña lámpara parece tenue bajo el sol, antes de alcanzar una mayor sabiduría debemos seguir aprendiendo y cultivándonos. Hoy, date cuenta de tus límites y cultiva la alegría junto con la sabiduría.
La felicidad no proviene sólo de hacer todo lo que queremos. Todo el mundo tiene límites y no puede hacerlo todo. Cuando notamos esos límites y aprendemos satisfacción y sabiduría en el lugar donde nos encontramos ahora, podemos ser felices. Por eso el estudio y la práctica deben continuar.