La sabiduría crece en una mente tranquila
Cuando la mente está tranquila, la sabiduría se vuelve luminosa. Con una mente dispersa, es difícil ver el camino correcto; solo en una mente asentada puede crecer la sabiduría. Por eso, quien practica debe primero calmar la mente, cultivar la quietud meditativa y preparar un lugar donde la sabiduría pueda permanecer.
Sin embargo, la sabiduría por sí sola tampoco es suficiente. Aunque hayamos cultivado la sabiduría, si no la compartimos, la mente se empobrece. Aunque tengamos muchos recursos, sin sabiduría es difícil saber su uso correcto. Por eso la práctica debe ir junto con la quietud meditativa, la sabiduría y la práctica de la generosidad.
Si tenemos recursos, los compartimos. Si tenemos sabiduría, la compartimos. La mente que comparte con el mundo las cosas buenas que tenemos es en sí misma conducta de bodhisattva. La práctica no se completa acumulando cosas; su sentido cobra vida cuando compartimos y damos luz.
Que hoy cultivemos la mente en silencio, hagamos crecer la sabiduría con claridad y compartamos lo que tenemos con quienes nos rodean.
Sin quietud meditativa, es difícil que crezca una sabiduría luminosa; incluso con sabiduría, sin compartir la mente se empobrece. La práctica debe incluir cultivar la mente en silencio y practicar la generosidad compartiendo sabiduría y recursos. Que hoy practiquemos con una mente tranquila, una sabiduría luminosa y un compartir cálido.