Conocer tus debilidades es el comienzo de la práctica
Cada persona tiene fortalezas y debilidades. Sin embargo, generalmente tratamos de no ver nuestras propias debilidades, mientras rápidamente notamos lo que falta en los demás. Es por eso que una parte importante de la práctica es primero mirar honestamente las fallas y hábitos dentro de nosotros mismos.
Un libro explica la diferencia entre las personas exitosas y la gente común por cómo manejan sus debilidades y fallas. La gente común ve sus debilidades pero finge no verlas o se aleja. Las personas maduras los miran directamente y los reconocen. Como saben exactamente dónde les falta, pueden corregir esos puntos o transformarlos en otra fortaleza.
La vida comunitaria es la misma. Cuando vivimos y trabajamos juntos, hay muchas cosas por las que estar agradecidos y también cosas que necesitan ajustes. Debemos sentir gratitud hacia quienes nos ayudan, pero cuando hay que corregir algo, también hay ocasiones en las que hay que decirlo. La cuestión no es sólo lo que decimos, sino con qué mente y de qué manera lo decimos.
Cuando el deseo de corregir a la otra persona es lo primero, nuestras palabras fácilmente se vuelven duras y esas palabras pueden herir el corazón de la otra persona. Por otro lado, si sólo aguantamos, la incomodidad se acumula en nuestro interior y luego puede estallar en forma de emoción. Entonces, antes de que un practicante mire sólo los defectos de otra persona, primero debe examinar los hábitos de su propia mente que surgen en esa situación.
Necesitamos darnos cuenta de cuándo nos volvemos impacientes, en qué situaciones nuestras palabras se vuelven ásperas y qué seguimos reprimiendo hasta que luego aparece como emoción. Cuando llegamos a conocer esa debilidad, de ahí en adelante ya no es sólo una falta; se convierte en material para la práctica.
Una persona que se conoce a sí misma no culpa fácilmente a los demás. Una persona que conoce sus propias debilidades habla con un poco más de cuidado y trata de abrazar a las personas con un corazón un poco más amplio. Cuando no nos alejamos de la debilidad sino que la iluminamos, la mente madura gradualmente.
Hoy, antes de ver lo que les falta a los demás, examinemos primero los hábitos de nuestra propia mente y conviertamos incluso nuestras debilidades en el camino de la práctica.
Todo el mundo tiene debilidades y defectos. Lo que importa es reconocerlos con precisión en lugar de darles la espalda. Antes de ver lo que les falta a los demás, examina primero los hábitos de tu propia mente; entonces incluso la debilidad puede convertirse en material para la práctica. Que hoy podamos mirar hacia atrás con honestidad y convertir lo que nos falta en sabiduría.