Observar hasta los pensamientos más sutiles del campo de la mente
Cuando un campo se deja abandonado, crecen las hierbas y la tierra se endurece. Hay que regarlo, escoger las semillas, quitar la maleza y cuidarlo a su tiempo para que dé fruto. La práctica también es cultivar la mente.
La palabra mente nos resulta familiar, pero ver su naturaleza no es fácil. Aunque quede un pensamiento muy sutil, nos aferramos a él y levantamos distinciones de yo y mío, de me gusta y no me gusta.
Las enseñanzas profundas dicen que vemos la naturaleza de la mente cuando incluso los pensamientos sutiles quedan atrás. Esto no significa forzar la desaparición de los pensamientos. Significa saber con cuidado cuándo surge un pensamiento y practicar para no dejarnos llevar por él.
El camino del bodhisattva es igual. Cultivamos la acción compasiva y los medios hábiles, pero al final avanzamos hacia un lugar donde incluso esos medios están naturalmente completos. Cuando el campo de la mente está bien cuidado, las buenas semillas brotan solas.
Hoy observa qué semillas caen en el campo de tu mente. Cuando reconoces incluso un pensamiento pequeño y lo cuidas con sinceridad, la claridad de la verdadera naturaleza se acerca poco a poco.
La práctica es como cultivar la mente. Incluso un pensamiento sutil puede volverse semilla y teñir el campo mental; cuando lo reconocemos con cuidado y lo atendemos con sinceridad, se revela la claridad de la verdadera naturaleza.