Observe el primer movimiento de la mente
A veces afirmamos con facilidad: «Ya no me enfado» o «Ya no siento codicia». Sin embargo, que las reacciones externas se hayan calmado no significa que hayan desaparecido todas las fuerzas de atracción y rechazo en lo profundo de la mente. Debemos observar con atención el instante en que el cuerpo se tensa, la mente que se apresura a juzgar a otra persona y el impulso que se aferra a tener razón.
En el budismo, el proceso por el que un movimiento muy sutil de la mente, nacido de la ignorancia, se despliega gradualmente como distinción y apego, acción y sufrimiento, se conoce como samse yukchu, los «tres aspectos sutiles y seis aspectos burdos». Incluso antes de que se definan los pensamientos de agrado y desagrado, comienza a abrirse una separación entre el yo que ve y el objeto visto, y sobre ella se entretejen innumerables juicios y hábitos.
Imagine que un solo hilo de un telar se desvía al principio. Si la lanzadera sigue moviéndose antes de que se advierta esa pequeña desviación, todo el dibujo de la tela puede deformarse. En lugar de intentar corregirlo tirando de la tela ya terminada, debemos encontrar el hilo que se desvió primero.
La mente funciona del mismo modo. En vez de lamentar unas palabras airadas solo después de que hayan estallado, observe la primera señal: la opresión en el pecho y el impulso de apartar a alguien. En vez de culparse solo después de actuar movido por la codicia, vea primero la atracción que le dice que su mente solo descansará cuando tenga más.
La atención consciente no consiste en reprimir por la fuerza ni odiar el estado mental que ha surgido. Simplemente reconocemos: «Este estado mental ha surgido», sin llevarlo enseguida a las palabras o a los actos. Así no damos más fuerza al proceso por el que la aflicción se entreteje en un karma más pesado.
La tarea de iluminar por completo el fundamento de estos movimientos mentales tan sutiles es profunda y difícil. Sin embargo, la práctica de hoy está a nuestro alcance. Comience por lo que puede percibir ahora: la tensión del cuerpo, la atracción y el rechazo, y el pensamiento que insiste en tener razón. Observar con constancia la primera señal visible se convierte en una puerta hacia una sabiduría más profunda.
Por eso, en lugar de intentar eliminar solo las olas más agitadas, atienda al comienzo, allí donde la mente se mueve por primera vez. Cuando advertimos ese movimiento y nos detenemos antes de que un pensamiento se entreteja como distinción y apego, se abre un espacio en el que no necesitamos repetir el mismo hábito.
La ira intensa y la codicia no aparecen de repente. La sutil atracción y rechazo de la mente pasan por la distinción y el apego antes de convertirse en palabras y actos. Cuando advertimos el primer movimiento y no lo seguimos de inmediato, evitamos alimentar más aflicción.