Las aflicciones se liberan cuando se ven con claridad
Cuando estudiamos las aflicciones, a menudo comenzamos con el pensamiento de que debemos eliminarlas. Sin embargo, si simplemente los alejamos o nos negamos a mirar, es difícil entender lo que está haciendo la mente. Primero necesitamos ver claramente lo que ha surgido.
La codicia tiñe lo que vemos con el impulso de poseer más. La ira hace que las personas y las situaciones parezcan duras. El delirio contiene pensamientos familiares como si fueran hechos. En esos momentos, fácilmente actuamos según el color añadido por la mente y no según el mundo tal como es.
Imagínese mirar hacia afuera a través de tres capas de vidrio coloreado. Con un color diferente en cada hoja, la misma vista aparece completamente diferente. Culpar al paisaje no quita los colores. Debemos fijarnos qué sábana cubre nuestra vista y apartarlas una a una.
La práctica es la misma. No ocultamos el hecho de que ha surgido la ira. Honestamente observamos que el deseo tira de la mente e incluso volvemos a pensar que tenemos razón. La conciencia no justifica una aflicción; crea espacio para no dejarse llevar por ello.
Es posible que un viejo hábito no desaparezca después de haber sido visto una vez. Cuando el mismo estado surge nuevamente, lo notamos nuevamente y hacemos una pausa antes de que se convierta en habla o acción. Los preceptos y la vida sana protegen esta pausa, mientras que la sabiduría ilumina lo que necesita ser liberado.
No debemos usar el dicho de que la aflicción es sabiduría como excusa para seguir la aflicción tal como es. Cuando vemos correctamente su naturaleza y movimiento, la sabiduría se abre sin ser capturada por ella. Lo que importa no es odiar la aflicción, sino verla claramente y liberarla.
La práctica, por tanto, no es simplemente esperar el despertar en un futuro lejano. Es establecer una capa justo donde surgen la avaricia, la ira y el engaño. A medida que los colores que cubren la mente se aclaran, podemos ver a las personas y las situaciones más exactamente como son.
Las aflicciones no están lejos; surgen en esta misma mente cuando somos arrastrados por la codicia, la ira y el engaño. En lugar de simplemente evitarlos, observe el momento en que surgen y establezca cada capa antes de que se convierta en discurso o acción.