Una mente que utiliza la energía de la manera correcta
La enseñanza de hoy comienza observando dónde estamos usando la energía y la fuerza que tenemos. Cada persona tiene su propia vitalidad y fuerza. Lo que importa es usar esa fuerza correctamente, donde se necesita y en una buena dirección.
A menudo gastamos esa energía preciosa en preocupaciones innecesarias, desgaste emocional sin sentido y relaciones o asuntos a los que en realidad no necesitamos aferrarnos. Cuando ponemos la mente y el esfuerzo en lugares innecesarios, nos cansamos y nos desgastamos. Entonces, incluso una vida que debería ser feliz comienza a inclinarse hacia el sufrimiento.
El monje enseñó que primero debemos ordenar lo innecesario. Antes de intentar reunir más fuerza, necesitamos ver por dónde se está escapando nuestra fuerza. Cuando detenemos lo que causa sufrimiento y reducimos el esfuerzo que no tenemos que hacer, ya podemos ahorrar mucha fuerza.
También en la enseñanza del Buda se nos dice que abandonemos lo perjudicial y nos mantengamos lejos de las causas del sufrimiento. Cuando detenemos esas cosas, aparece naturalmente la fuerza para hacer el bien. No hacer lo dañino no es simplemente un estado vacío; abre espacio para que las buenas obras sean posibles.
Hoy, mira con atención por dónde se está escapando tu energía. Si sueltas un poco la preocupación sin sentido, la lucha emocional repetida y el apego innecesario, esa fuerza puede orientarse hacia buenas obras, lo necesario y una vida más feliz. Ahorrar la fuerza y usarla correctamente es la práctica de hoy.
Cada uno de nosotros tiene energía y fuerza. Pero cuando gastamos esa fuerza en preocupaciones innecesarias, desgaste emocional y relaciones sin sentido, nos cansamos y sufrimos. Si primero detenemos las causas del sufrimiento y reducimos el esfuerzo innecesario, la fuerza que queda puede orientarse hacia buenas obras y una vida más feliz.