Palabra de hoy

Una mente que no se deja arrastrar por la corriente

2026 . 09 . 05

Un río fluye sin cesar. Si te quedas en la orilla observando, puedes ver la dirección y la velocidad de la corriente. Pero en cuanto te arrastra, resulta difícil saber hacia dónde te lleva. Nuestra mente tiene una corriente muy parecida. Cuando no nos damos cuenta de la fuerza que arrastra la mente, terminamos hablando y actuando exactamente como nos dictan los pensamientos.

Querer ver, querer oír, querer tener, querer sentir todavía más: un deseo lleva al siguiente. Conseguir algo trae satisfacción por un instante, pero pronto vamos en busca de otra cosa. Cuando seguimos el deseo sin notar que ha surgido, la mente pierde todo lugar de descanso. Antes que limitarnos a condenar la mente que desea, hay que mirar primero cómo surge y cómo nos arrastra.

Está también el deseo de mostrar a los demás «esto es lo que soy». Cuanto más crece el afán de ser reconocido y admirado, más fácil resulta que nos afecten las reacciones ajenas. Cuando quedamos atrapados en el pensamiento «tengo razón» o «tiene que hacerse a mi manera», se vuelve difícil escuchar cualquier otra cosa. Y la propia confusión de no saber qué nos está arrastrando no hace sino intensificar esta corriente.

La práctica no consiste en obligar al río a detenerse. Empieza, como al observar la corriente desde la orilla, notando el deseo y la obstinación que surgen ahora mismo. Observa: «aquí hay una mente que quiere tener», «aquí hay un deseo de mostrarme», «aquí estoy yo, incapaz de soltar mi propio pensamiento». Cuando dejamos de aferrarnos a esa sensación como si fuera la totalidad de lo que somos, se abre un pequeño espacio en el hábito de actuar de inmediato.

Este espacio no es indiferencia ni resignación. Es el lugar donde, antes de reaccionar exactamente como nos arrastra la mente, miramos lo que realmente hace falta. Aunque tengamos algo que decir, podemos escuchar al otro hasta el final; aunque algo nos parezca que hay que tenerlo ya mismo, podemos volver a mirar si de verdad es necesario. La conciencia nos ayuda a elegir con más claridad en la vida cotidiana.

Las enseñanzas comparan el nirvana —la liberación de la fiera corriente del sufrimiento— con una isla segura. La seguridad no llega solo cuando el río mismo se detiene; señala, en cambio, una paz en la que ya no somos arrastrados por esa corriente. Un instante de calma en la mente no significa que ya se haya alcanzado el nirvana. El pequeño acto de conciencia de hoy es la práctica para llevar esa enseñanza a nuestra vida.

Fíjate en la corriente de la mente y no actúes de inmediato.

El deseo, el afán de ser reconocido y la convicción obstinada de que solo nuestro propio pensamiento es correcto nos arrastran como una corriente fiera. Sin conocer ese flujo, nos deja llevar con facilidad. Fíjate en la mente tal como está ahora, como quien observa la corriente desde la orilla. La práctica empieza al detenerse a mirar, en lugar de actuar de inmediato.

Informar traducción
Una mente que no se deja arrastrar por la corriente
Una mente que no se deja arrastrar por la corriente caricatura
La mente también tiene una corriente que nos arrastra.
Si sigues el deseo y la obstinación, la mente no encuentra descanso.
Detente y observa la mente tal como está ahora.
Observar la corriente no significa tener que seguirla.
Al conocer el flujo, puedes mirar antes de dar el siguiente paso.