Palabra de hoy

Una Mente Que Sabe Contentarse

2026 . 09 . 08

Necesitamos alimento para comer, un hogar donde vivir y dinero para sostener la vida diaria. Es valioso asegurar lo que necesitamos y cuidar de nuestro cuerpo y de nuestra vida diaria. Solo sobre esa base podemos hacer nuestro propio trabajo y convivir con los demás. La enseñanza de hoy no niega esta necesidad. Nos pide examinar el momento en que la mente que prepara lo necesario se convierte en un deseo sin fin.

Al principio buscábamos cosas para usar en la vida diaria, pero, en poco tiempo, tener más puede convertirse en el centro del día. Incluso al descansar, pensamos en qué conseguir después, y nos preocupa que alguien nos lo quite o que perdamos lo que ya tenemos. La cosa puede estar en nuestra mano, pero la mente no está libre. En lugar de mirar solo lo que tenemos y cuánto, debemos volver a mirar cómo se mueve nuestra mente cuando se aferra y se aprisiona a algo.

En cuanto entra la comparación, incluso lo que era suficiente empieza a sentirse como carencia. Puede que a nuestra propia vida no le falte nada, y aun así, ver que otra persona tiene más puede, de pronto, hacernos sentir pequeños. Esta mente no se detiene en las posesiones. Puede extenderse al conocimiento, al estatus, e incluso al respeto que recibimos de los demás, con el deseo de afirmarlos y protegerlos. Cuando surja la mente que se compara con los demás, vuelva a mirar qué es lo que realmente necesita en este momento.

Imagine a alguien sosteniendo con ambas manos una canasta de fruta. Aun con lo suficiente para comer ya reunido, la vista de una canasta más grande cerca aprieta aún más el agarre. Con miedo de dejarla caer, pero incapaz de soltarla. Esta es una imagen cotidiana para ayudar a comprender la enseñanza de hoy. No es la canasta en sí, sino la mente incapaz de soltarla, lo que puede agotarnos.

Lo que el budismo llama dana, o generosidad, es la práctica de examinar esta mente aferrada y ofrecer algo desde ella. Dar a alguien lo que necesita es valioso, pero sumarle el orgullo de 'fui yo quien ayudó' crea otro tipo de posesión. En lugar de aferrarse a la reacción o al elogio de quien recibe cada vez que usted da, intente soltar, aunque sea un poco, el apego a lo que es 'mío'. Lo que importa no es cuánto haya dado, sino cómo cambia la mente.

Aun teniendo mucho, si siempre queremos más, es difícil sentir una sensación de suficiencia. Se abre espacio en la mente cuando cuidamos la vida que necesitamos con lo que ya tenemos, y sabemos ofrecer, dentro de ella, lo que podemos compartir. El contento no significa alejarse de las necesidades de la vida, ni no tener nada. Comienza por usar con gratitud lo que tenemos hoy, notar la mente que quiere más y teme la pérdida, y ofrecer lo único que podemos compartir.

Sea agradecido por lo que tiene hoy, y ofrezca lo único que pueda compartir.

Es valioso asegurar lo que necesitamos para vivir. Pero cuando quedamos atrapados en el deseo de más, en la comparación con los demás, o en el miedo a la pérdida, se vuelve difícil usar con soltura incluso lo que ya tenemos. Dar es una práctica para soltar el apego a lo que es 'mío'. En lugar de aferrarse al orgullo de haber dado, sea agradecido por lo que tiene hoy, y ofrezca lo único que pueda compartir.

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