La verdadera libertad se revela en la mente
La verdadera libertad no consiste en actuar descuidadamente del modo que queramos. Más bien, cuando no nos dejamos arrastrar por el apego y el miedo, y podemos ver correctamente nuestra propia mente, aparece una tranquilidad natural en nuestra expresión y actitud.
Cuando la mente está oscura, el cuerpo también se tensa y las palabras se vuelven afiladas. Por el contrario, cuando la mente se ilumina, aparece una sensación de compostura incluso sin adornos exteriores. No es una cuestión de apariencia, sino del estado de la mente que fluye hacia afuera.
La libertad no es un estado en el que todas las condiciones exteriores se ajustan a mis deseos. Las condiciones cambian siempre, pero la fuerza de no dejar que la mente se pierda ante esas condiciones es libertad. Cuando poco a poco dejamos de lado las cuerdas del apego y no nos dejamos arrastrar por el miedo, la puerta de la mente se abre desde dentro.
Lo importante en esta enseñanza no es obligar a la mente a verse mejor ni intentar cambiarla toda de una vez. Primero notamos dónde está atrapada la mente ahora mismo, y desde ese mismo lugar elegimos un paso en una dirección más correcta. La práctica no es un acontecimiento especial y lejano; aparece en las expresiones, las palabras, los juicios y el cuidado de cada día.
La verdadera libertad se revela en la expresión y la actitud. Cuando se deja de lado el apego, se abre la puerta de la mente. Que también hoy esta enseñanza se convierta en una pequeña elección en la vida diaria y ilumine la mente.