Un pensamiento crea confusión y una enseñanza abre el camino
Cuando una pequeña mota entra en el ojo, puede parecernos que flores que en realidad no existen revolotean confusamente en el espacio vacío. No es que el objeto haya cambiado; se ha nublado el ojo que mira.
La mente funciona igual. Cuando surge un punto de pensamiento ilusorio, de ese solo pensamiento se siguen innumerables pensamientos y emociones, miedos y apegos. Al principio es solo un pequeño movimiento de la mente, pero si lo aferramos y lo seguimos, crece como la rueda del samsara.
Por eso, en la práctica no se toma a la ligera ni un solo pensamiento. Debemos reconocer el primer momento en que surge la ira, el primer momento en que crece el miedo y el primer momento en que aparece la mente que dice: “yo tengo razón”. En ese momento podemos cambiar el rumbo.
Los maestros Seon dijeron que, cuando la mente desvariada se aquieta, el despertar es inmediato. Esto no significa que debamos huir a un lugar especial. Significa que, cuando la mente que ahora rueda en la confusión se detiene, se revela su claridad original.
Hoy, observa el primer momento en que una mota entra en la mente. Cuando reconoces un pensamiento y lo sueltas, desaparecen las ilusiones que revoloteaban en el espacio vacío, y el espejo de la mente vuelve a aclararse.
Así como una mota en el ojo puede hacer aparecer flores que no existen, un punto de pensamiento ilusorio en la mente puede crear innumerables confusiones. Cuando reconocemos ese pensamiento y lo dejamos aquietarse, se revela la claridad original de la mente.