No more en la mente que le clasifica a usted y a los demás
Solo la no-mente última es verdadero no-pensamiento. El no-pensamiento señala la no-mente última, en la que ha caído todo pensamiento ilusorio. De la no-mente última, donde todo pensamiento ilusorio se ha extinguido, surge el ver su verdadera naturaleza, la realización de la talidad. No considere esta enseñanza solo en el lugar de práctica; obsérvela también en la vida diaria, donde usted conoce a las personas y establece relaciones.
Hay momentos en que usted siente que los demás no le tratan como es debido y que le miran por encima del hombro. Usted se considera una persona nada insignificante, bien estudiada y excelente en muchos aspectos. Sin embargo, cuando siente que el otro no le reconoce, su mente se inquieta.
En ese momento, usted necesita observar también su propia mente hacia el otro. Creyéndose una persona excelente, puede mirar a los demás y pensar: «Esa persona tiene menos práctica que yo» o «Esa persona está por debajo de mí». El otro le menosprecia a usted, y usted menosprecia al otro. Cada uno separa lo alto de lo bajo según su propia medida, y así la relación se tuerce.
Si examinara en detalle cómo le han visto los demás a lo largo de los años de su vida, encontraría mucho que pesa en la mente. Lo importante es no quedar atado a cada una de esas cosas y vivir afrontando con sabiduría, a su manera, la situación que tiene delante. También aquí puede observar la enseñanza del pensamiento ilusorio y de la no-mente última.
Cuando durante la práctica surgen sin cesar toda clase de pensamientos ilusorios y fantasías, su práctica no avanza bien. Los pensamientos le arrastran y, al aferrarse de nuevo a ellos, usted mismo se pone un obstáculo. Quedar prendido así de la ilusión no aporta ningún beneficio a su práctica.
Los asuntos del mundo también están ligados al pensamiento ilusorio. Mientras usted dirige un negocio, acude al trabajo y se relaciona con las personas, muchos asuntos se enredan. Aun cuando usted se sienta en quietud, esos asuntos continúan como una corriente de pensamientos. Como usted debe mantener su trabajo y sus relaciones mientras vive, escapar del pensamiento ilusorio puede parecerle difícil.
Entonces surge una pregunta: para extinguir por completo el pensamiento ilusorio y la fantasía, ¿debe usted abandonar todas las tareas y cortar todas las relaciones? Mientras vive, no puede cortar todos los vínculos. Los pensamientos surgen justo en medio del trabajo y de las relaciones en curso. Por eso, en esa misma situación, usted necesita avanzar con una mente que no queda atrapada ni en sí misma ni en el otro, y que no mora en ninguna parte.
Cuando usted separa el yo y el otro, el sujeto y el objeto, y permanece en esa división, surge el obstáculo. Si queda atado a los juicios «yo soy esta clase de persona» y «el otro es esa clase de persona», la mente que sigue a esos juicios continúa surgiendo. No debe quedar atrapado ni siquiera en una sola cosa, y no debe tener dónde morar. Necesita avanzar con tanta hondura que ni siquiera se aferre a ese lugar llamándolo «mente». La no-mente última es el terreno de práctica que usted ha de realizar así, y de ahí surge el ver su verdadera naturaleza.
Esta práctica es necesaria también en las relaciones cotidianas. En un lugar desconocido, alguien puede tratarle como a una persona fácil de manejar o de engañar. Usted puede estimar en poco a esa persona, mientras que ella también puede estar mirándole muy por debajo. Esto puede ocurrir con quienquiera que usted encuentre. En ese momento, usted necesita la práctica de no dejar que su mente quede atada a la actitud del otro.
Si usted queda atrapado en el pensamiento de que el otro le menosprecia, el corazón le duele y surge el problema. Si puede afrontar la situación sin quedar atado a ese pensamiento, puede responder con sabiduría. Observe cómo actúa el otro, pero no permita que su acción siga atando su propia mente.
Suelte la mente de que usted es una persona excelente, y no quede atrapado tampoco en la valoración del otro. Si usted permanece en la separación entre sí mismo y el otro, a lo largo de esa división surge otro pensamiento ilusorio. En medio de su trabajo y de sus relaciones, advierta esa mente y mantenga la práctica de no morar en ella.
Cuando sienta que alguien no le trata como es debido, observe qué pensamiento surge en su interior en ese momento. Mire también si están presentes a la vez el pensamiento «merezco algo mejor que esto» y el pensamiento «esa persona vale menos que yo».
En lugar de aferrarse al pensamiento surgido y juzgar una y otra vez lo correcto y lo incorrecto, no more en él y responda a lo que ahora hace falta. Mientras mantiene su trabajo y sus relaciones, ejercítese en no quedar atado a la mente que los divide a usted y al otro en alto y bajo.
Solo la no-mente última es verdadero no-pensamiento. De la no-mente última, donde todo pensamiento ilusorio se ha extinguido, surge el ver su verdadera naturaleza, la realización de la talidad.
Cuando sienta que los demás le miran por encima del hombro, observe también su propia mente. Puede que usted también se considere excelente y mire al otro desde arriba. Cuando usted mora en la mente que separa lo alto de lo bajo, la relación se tuerce y el corazón duele.
Mientras vive, usted no puede cortar todas las tareas ni todos los vínculos. Mientras trabaja y encuentra a las personas, necesita la práctica de no quedar atrapado en los pensamientos que le separan del otro y de no morar en ninguna parte. Cuando suelta la mente de que es excelente y no queda atado a la valoración del otro, puede responder con sabiduría a la situación que tiene delante.
- Primero surge el pensamiento de que usted es mejor.
- El ojo que mide al otro también le mide a usted.
- Primero, advierta el pensamiento que ha surgido.
- Suelte la regla con que medía y manténgala un momento a su lado.
- Haga junto a los demás lo que ahora hace falta.