Déjalo fluir, pero no te dejes engañar
En la enseñanza más profunda de la práctica, el principio del nirvana se describe como no nacido e inmortal: el lugar que originalmente no surge ni desaparece. En nuestras mentes, muchos pensamientos, sentimientos, aflicciones y engaños siguen surgiendo y desapareciendo, pero la presencia de ese movimiento no significa que la mente original misma esté sacudida.
Es como el mar. Innumerables olas surgen y desaparecen, pero el mar no nace porque aparecen las olas, ni desaparece porque las olas se calman. Del mismo modo, aunque una cascada siga cayendo sin descanso, no debemos dejarnos engañar por el movimiento en sí y olvidar su verdadera naturaleza.
Nuestras vidas son iguales. Los pensamientos van y vienen, los sentimientos surgen y se desvanecen y los asuntos mundanos siempre están cambiando. Pero no necesitamos que cada uno nos atrape y nos sacuda. Lo que importa no es forzar la desaparición de lo que surge, sino simplemente saber que fluye y verlo correctamente.
Muchos fenómenos no nos hacen perder nuestra naturaleza, y el surgimiento de la aflicción no borra el lugar originalmente claro de la mente. Por lo tanto, la práctica no consiste en suprimirlo todo. Es dejar surgir lo que surge sin dejarse engañar por ello, y dejar pasar lo que pasa sin dejarse arrastrar.
Que hoy dejemos que los pensamientos fluyan, que los sentimientos pasen y que no nos dejemos arrastrar por ese movimiento, para que podamos reconocer la mente originalmente clara.
Los pensamientos y sentimientos surgen y desaparecen continuamente, pero la mente original no nace ni se borra mediante ese flujo. La práctica no es forzar que las cosas permanezcan ni alejarlas; es dejarlos fluir sin dejarse engañar. Que hoy reconozcamos en silencio todo lo que surja.