Palabra de hoy

Mira con claridad las tres raíces del sufrimiento

2026 . 08 . 05

La codicia no es lo mismo que buscar lo que necesitamos para vivir. Es la mente que cree que solo puede sentirse segura teniendo más, aun cuando ya tiene suficiente, y que se aferra a las personas y a las circunstancias para no perder lo que ha conseguido. Cuanto más nos aferramos, más tememos perder; cuando las cosas no salen como queremos, aparece la ira.

La ira tampoco es lo mismo que sentir malestar o reconocer una injusticia. Es necesario detener las conductas dañinas y establecer límites claros. Sin embargo, cuando creemos que solo podemos protegernos odiando a alguien, o cuando un arrebato de ira convierte a una persona entera en enemiga, la ira se vuelve condición de un sufrimiento todavía mayor.

La ignorancia no significa simplemente saber poco. Es el desconocimiento que impide ver que todo cambia y surge en dependencia de otras condiciones, y que nuestras decisiones presentes dan forma a lo que vendrá. Atrapados por la codicia, pasamos por alto lo poco que dura la satisfacción; sacudidos por la ira, dejamos de ver las heridas que pueden causar nuestras palabras y acciones.

Los tres venenos no actúan por separado. Cuando se frustra el deseo de tener más, surge la ira; cuando surge la ira, no vemos la situación con claridad; y cuanto menos vemos, más volvemos a aferrarnos y a culpar. Por eso, practicar no consiste en reprimir una emoción que acaba de aparecer, sino en reconocer esta cadena y orientar el siguiente eslabón hacia una acción sana.

La generosidad es la práctica que contrarresta la codicia. No solo consiste en compartir cosas materiales, sino también en no acaparar el tiempo, el espacio, la atención o el reconocimiento. Cuando ofrecemos algo dentro de nuestras posibilidades, el apego que lo llama «mío» se afloja un poco.

La compasión no consiste ni en tragarse la ira sin condiciones ni en permitir lo incorrecto. Es el deseo de que tanto nosotros como la otra persona nos liberemos del sufrimiento: detener una conducta dañina sin crear más daño mediante el odio. La fuerza de la compasión está en mantener la distancia necesaria sin volver crueles nuestras palabras y acciones.

La sabiduría ilumina la ignorancia. No confunde un estado mental que ha surgido con quienes somos, sino que examina las condiciones que le dieron origen y los resultados hacia los que puede conducir. Cuando aparezca la codicia, observa lo que ya es suficiente. Cuando aparezca la ira, calma primero la respiración y el cuerpo y después distingue los hechos de la interpretación. Ver así las causas y las consecuencias nos deja espacio para elegir.

No podemos perseguir el nirvana como si fuera otra posesión especial. A medida que debilitamos aquí y ahora la codicia, la ira y la ignorancia, y llevamos a la acción la generosidad, la compasión y la sabiduría, la mente se deja arrastrar menos y se vuelve más libre. Practicar no es fingir que somos personas en quienes nunca surgen los tres venenos. Es vivir con constancia, reconociendo cuando aparecen y volviendo hacia lo que es sano.

Hoy, reconoce uno de los tres venenos y elige la práctica que le corresponde: generosidad, compasión o sabiduría.

La codicia, la ira y la ignorancia no actúan por separado: se alimentan entre sí y crean sufrimiento. Cuanto más nos aferramos, más ira surge cuando la vida no sigue nuestros deseos; cuando la ira nos sacude, se vuelve difícil ver con claridad las causas y las consecuencias. Responde a la codicia con generosidad, a la ira con compasión y a la ignorancia con sabiduría, orientando el siguiente eslabón hacia lo que es sano.

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Mira las tres raíces del sufrimiento
Mira con claridad las tres raíces del sufrimiento caricatura
La codicia, la ira y la ignorancia desequilibran la mente.
Cuanto más nos aferramos, más crece la ira.
La ira dificulta ver las causas y los efectos.
Generosidad, compasión y sabiduría debilitan los tres venenos.
Al atenuarse los tres venenos, la mente se vuelve clara y libre.