El brote aún no es el fruto
El Sutra del Nirvana enseña que, cuando alguien escucha esta enseñanza, llega a creer en la naturaleza búdica y hace surgir la mente que se vuelve hacia el despertar supremo, esa persona puede llamarse bodhisattva. Aun antes de haberlo logrado todo, una mente que ha fijado con claridad su dirección y ha puesto el pie en ese camino ya es preciosa.
Pero la explicación del texto no se detiene ahí. Si ver y conocer la naturaleza búdica permanece todavía en el plano del concepto, a esto se le llama bodhisattva mundano. Comprender y creer una enseñanza no es la misma etapa que cultivarla a lo largo de toda una vida hasta ver con claridad la naturaleza búdica.
Piense en una sola semilla puesta en un surco. En cuanto atraviesa la tierra y saca un pequeño brote, la dirección de la vida ya se ha manifestado. Pero que aparezca un brote no significa que el fruto se haya formado. Hay que enderezar el canal del agua, dejar que le llegue la luz del sol y cuidar día tras día el lugar donde arraigan sus raíces.
La bodhicitta, la mente que se vuelve hacia el despertar, es igual. Ese anhelo de despertar es la semilla, y los preceptos puros son el surco que impide que la mente fluya hacia el lugar equivocado. La quietud asienta la mente vacilante para que la raíz pueda profundizar, y la sabiduría deja claro qué es crecimiento verdadero y qué es solo codicia añadida.
Al cultivar así los preceptos, la quietud y la sabiduría, una enseñanza que antes solo se conocía de palabra comienza a transformarse en un cambio de acción y de mente. El texto explica que, mediante esta práctica, se alcanza la liberación, se ve la naturaleza búdica y, por fin, se llega al lugar donde la naturaleza búdica se ve con claridad. El Maestro Seon Seongcheol llama a ese lugar el asiento del bodhisattva de gran poder que ha realizado el gran nirvana.
Por eso no debemos considerarnos completos con solo decir «creo en la naturaleza búdica» o «he hecho surgir la mente que se vuelve hacia el despertar». Pero tampoco debemos menospreciar la mente que suscitamos al principio solo porque todavía estamos practicando. El brote no es el fruto, pero es un comienzo vivo que se dirige hacia el fruto.
Lo que importa no es ganar un nombre para uno mismo, sino cómo cuidamos hoy esa mente. Deje que los preceptos corrijan sus acciones, que la quietud aquiete su mente y que la sabiduría examine el apego y el pensamiento discriminador. Cuando se cultiva paso a paso, cuidándola como a una sola semilla, una enseñanza antes conocida solo como idea se convierte poco a poco en un camino confirmado en la vida.
Escuchar la enseñanza de la naturaleza búdica y hacer surgir la mente que se vuelve hacia el despertar es un comienzo precioso en el camino del bodhisattva. Pero, así como que aparezca un brote no significa que el fruto se haya formado, hacer surgir esa mente por sí sola no completa la práctica. Mantenga su dirección con los preceptos, aquiete su mente con la quietud y examine con claridad mediante la sabiduría.