Cuando entendemos el vacío, el ascenso y la caída de la mente se vuelven más ligeros
La mente se excita ante los acontecimientos felices y colapsa ante los dolorosos. Captamos esos altibajos como "yo", pero cuando miramos de cerca, los pensamientos y sentimientos son un flujo que surge a través de las condiciones y luego desaparece nuevamente.
Decir que están vacíos no significa que no haya nada en absoluto. Tampoco significa que no haya alegría ni dolor. Sólo significa que no permanecen para siempre como cosas fijas y sustanciales. Es como una ola que se eleva claramente, pero que no está separada del mar.
La práctica no es deshacerse por la fuerza de una mente dolorosa. Es darse cuenta de que "ha surgido esta clase de mente" y observar cómo esa mente cambia y desaparece. Cuando podemos ver de esta manera, no necesitamos estar demasiado atados por la alegría y no necesitamos desplomarnos por completo ante el dolor.
Lo que importa en esta enseñanza no es obligar a la mente a verse mejor ni intentar cambiarlo todo de una vez. Primero, observe dónde está atrapada la mente en este momento, y desde ese mismo lugar elija un paso en una dirección más recta. La práctica no es un evento especial lejano; aparece en las expresiones, palabras, juicios y cuidados del día.
La mente sube y baja entre la alegría y el dolor. Cuando no nos aferramos, incluso las olas de la mente se vuelven más ligeras. Que también hoy esta enseñanza se convierta en una pequeña elección en la vida diaria e ilumine la mente.