Soltar el yo discriminador
Todo lo que vemos surge, cambia y desaparece. Las personas y las cosas, los pensamientos y los sentimientos, nunca permanecen exactamente con la misma forma. Sin embargo, la enseñanza de hoy explica que, si solo seguimos este cambio, es difícil conocer plenamente la verdadera naturaleza de todas las cosas. Solo cuando no quedamos atrapados por la apariencia de surgir y cesar, podemos examinar la realidad que no puede dividirse en surgimiento y cesación.
Comprender este principio solo como conocimiento no basta. En el momento en que nos aferramos al pensamiento 'yo conozco la verdad', el yo que conoce y el objeto conocido vuelven a dividirse en dos. Al mirar a través del pensamiento discriminador de que el yo y el objeto existen por separado, vemos solo las diferencias que aparecen en la superficie. Para despertar al signo de la igualdad sin diferencia, también debemos dejar de sostener como algo fijo y sólido al propio sujeto que observa y juzga.
Esto no significa no ver ni pensar nada en absoluto. La observación sigue ocurriendo, pero sin anteponer el pensamiento 'yo estoy observando'. Es un estado en el que la conciencia es clara, pero esa conciencia no se reivindica como 'mía' —el monje relaciona esto con la no-mente (musim)—. No se trata de forzar a la mente a vaciarse, sino de la práctica de soltar la fuerza que, dentro de la mente, divide constantemente el yo del otro, lo correcto de lo incorrecto, la ganancia de la pérdida.
Piense en una escuela. La escuela, sus profesores, los estudiantes y los libros son todos necesarios para aprender. Pero el edificio en sí, un título o el grosor de un libro no son la esencia del aprendizaje. Lo que importa es el aprendizaje y el despertar reales que ocurren a través de todas esas condiciones. De la misma manera, las formas y explicaciones de la práctica son herramientas que señalan el camino. No se detenga en sostener el dedo: mire directamente la verdad que este señala.
Palabras como 'naturaleza de buda' o 'despertar' también se convierten en otro objeto en el momento en que las pensamos como cosas que existen por separado. Un concepto puede señalar una dirección, pero el concepto mismo no es la verdad. Esta práctica de lo que está más allá del surgir y el cesar no consiste en buscar, entre apariencias siempre cambiantes, un objeto más que no cambie. Se acerca más a salir del propio marco del pensamiento discriminador que busca y se aferra a los objetos.
Esta enseñanza puede sonar difícil y elevada. Comience, entonces, por un pequeño momento de hoy. Cuando surja un juicio al mirar a alguien, no siga solo el contenido de ese juicio: observe también el lugar donde surge el pensamiento 'estoy viendo a esta persona de esta manera'. Tampoco culpe a este yo que observa; advierta con calma cómo el pensamiento discriminador surge y luego desaparece.
Todas las cosas se revelan mediante el surgir y el cesar. Para conocer la verdad más allá de esto, no basta con soltar solo la discriminación que hacemos sobre los objetos, sino también la conciencia que dice 'estoy observando'. Esto no significa detener la observación: es la práctica de no fijar al yo que observa. Cuando hoy surja un juicio, observe en silencio, juntos, el objeto y el yo que juzga.